French knots

Con la llegada de Instagram, el hecho de compartir el día a día de mi proceso de creación y el resultado de las obras, ha pasado a un segundo plano en el blog. La inmediatez y el aspecto más social de las redes me invita a compartir por allí con más soltura. Al principio me parecía hasta una pequeña traición al blog, qué pensamientos extraños tenemos a veces ¿verdad? Pero ahora ya no le doy vueltas. El mundo de internet evoluciona a una velocidad tremenda y quizás eso sea una de sus cualidades. Fluye a la misma velocidad que la vida y soy yo la que se resiste a los cambios, aunque cada vez un poco menos…

Bueno, todo este rollo es lo que me viene a la cabeza hoy que lo que en realidad quiero es enseñarte este cojín que terminé antes del verano y del que no había terminado de editar las fotos. Todo en él ha sido lento, puntada a puntada, nudo a nudo, pensando en la persona a la que iba destinado y a la que por aquel entonces prácticamente no conocía. Te sonará extraño, pero esos movimientos repetidos, y el sonido del hilo al atravesar la tela, deja en mí unos recuerdos sensoriales de los que no me despego. Como la huella que me dejó su nueva dueña.

Y sí, es el cojín que estaba bordando en el vídeo que te enseñé y que he colgado en mi página de presentación.

Cuéntame, ¿qué cosas dejan en ti esos recuerdos indelebles?

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