Poniendo capas en la manta

Aquí estamos Toñita y yo poniendo la capa de relleno y la trasera de la manta. Toñita, como veas, se lo pasa de maravilla. Pero en mi caso es la parte de todo el proceso que menos me gusta. No sé si porque me parece menos creativo, o porque resulta muy incómodo cuando se trabajan formatos grandes, como en este caso. Acabo tirada por el suelo, forzando la espalda, las rodillas… ¡Prefiero mil pinchazos en la punta de los dedos!

Ésta fue una de las últimas cosas que hice en mi casa de alquiler del verano, antes de volvernos a la nuestra. Ahora que lo pienso, esta manta se movió mucho: la empecé en casa, antes de la obra, la continué aquí y la acabé en la casa nueva. Y me parece que le ha quedado un poco del espíritu de cada espacio. Para mí es así de verdad. Las telas se llenan de un poquito de la vida del momento y del espacio en el que se hicieron.

Por fin es viernes. A mí me espera un fin de semana un poco ajetreado, pero creo que lo pasaré bien. ¡Te deseo a ti lo mismo!

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