Libro de agujas

Este año parece que mi costura más repetida está teniendo forma de libro. Sigo trabajando en mis piezas experimentales de libros textiles de las que te hablaba aquí y aquí, cosiendo un poco cada día. En verano me dediqué más a otras piezas, pero lo he retomado con ganas estos días, así que en breve creo que podré tener alguno terminado.

El caso es que hoy te quiero enseñar otro libro que he cosido últimamente, mucho más práctico y que me tiene enamorada perdida. No dejo de abrirlo y cerrarlo, de pasar sus hojas y acariciar su textura. Es un libro de agujas, en el que puedo guardar todas las que tengo, organizándolas por tipos. Espero que se conserven en buen estado pinchadas en la tela. Aunque lo que ha supuesto un avance maravilloso es poder acceder a cada una con un solo vistazo y elegir la más adecuada para la pieza que me traiga entre manos.

He dejado bastante espacio libre por si tengo que añadir alguna categoría más. Por el momento tengo las de coser, bordar, acolchar y una etiqueta de varias. A aquellas de las que conozco los números, se los he escrito también. De muchas no los sé porque tuve una época en que compraba algunas agujas en sets variados y ahora no sabría identificarlas, por eso tenerlas a la vista es tan importante.

Está casi todo cosido a mano, con telas de algodón acolchado y no fieltro, que es lo que se suele usar en los libros para agujas. Me apetecía que tuviese más estructura, como un libro de verdad. En realidad, no me apetecía nada coser fieltro porque es una tela que no me produce ninguna “simpatía táctil”. Vamos, que me da bastante dentera…

Las etiquetas con los nombres van bordadas a mano, sobre una tipografía que escribí yo misma. Me ha hecho recordar que debería escribir más palabras. Me gustan mucho, aunque llevan bastante tiempo, al menos para mí, que tiendo a ser perfeccionista con el acabado.

La tela de las capas es un textil japonés que me traje hace años de Canadá. Tiene un estampado y un brillo muy bonito, aunque creo que mis gustos han cambiado bastante desde la época en que la compré. ¿Te puedes creer que de Japón no me traje ninguna tela estampada? Tengo bastantes guardadas, que he comprado y me han regalado a lo largo de los años y me gusta mirarlas, que conste, pero no se adaptan fácilmente a lo que coso. En este caso, me parece que sí, así que estoy contenta de haberle dado uso.

¿Qué te parece la idea de guardar las agujas de esta manera? Si te apetece, cuéntamelo en los comentarios.

 

Un abrazo,

 

 

 





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